lunes, 18 de abril de 2011

Capítulo 5: De regreso al Hogar.



El frío viento de invierno recorría todos los rincones de aquel edificio. La chica se aferraba más aún a su chaqueta, pero el frío aún así la hacía tiritar brevemente.

Esperaba hace más de una hora la llegada de Jeremy; su amigo, pero este aún no daba señales de vida. Sentada en la recepción, en uno de aquellos asientos duros que, si estabas más de media hora en una sola posición, te llegaba a doler todo el cuerpo. No podía controlar su tic nervioso, de vez en cuando su pie derecho golpeaba al suelo, haciendo más aún crecer la ansiedad de ella.

La puerta de vidrio casi transparente estaba abierta de par en par, dejando entrar con obviedad, las brisas frescas de un invierno que a lejos se veía helado.

De vez en cuando, y con el simple hecho de distraerse, miraba como la nueva secretaria de George se movía de un lado hacia el otro, haciendo y deshaciendo asuntos que el mismo George le encomendaba.

En eso estaba cuando, desde las afueras del edificio, una figura delgada subía los pequeños escalones e ingresaba con ímpetu las puertas ya abiertas. Se agitó los cabellos negros con la mano que tenía libre y comenzó a mirar hacia ambos lados, encontrándose con la mirada asombrada de Emily. Caminó hacía ella con rapidez.

- No te veo en dos semanas y ya haz cambiado tu look-. Comentó ella, luego de soltarlo tras un largo abrazo.

- Sabes que no puedo estar del mismo modo cada cierto tiempo-. Le respondió Jeremy, encogiéndose levemente de hombros.- ¿Me demoré mucho?-.

Emily revolvió los ojos.

- Creo que para ti una hora no atraso-. Le regañó ella, colocando los brazos alrededor de su cintura.

- Pasé a comprarle algo a los niños… que, no me dirás que no iba a llegar con las manos vacías-.

Ella le sonrió.

Sabía que Jeremy no podía dejar de consentir a sus sobrinos… era casi como una obligación para él. Conversaron un poco más, hasta que a ambos se les vino a la cabeza la bendita reunión con George. Caminaron hacia la recepción, para que la chica que ahí se encontraba le avisara a George que ya habían llegado.

- Disculpe…-. Dejo al aire la frase Jeremy

- Belén-. Completó con simpleza la chica, un tanto cohibida por la presencia de Jeremy.

- Muy bien… Belén, podría decirle al Sr. Dickson que Emily y Jeremy ya llegaron, ¿por favor?-. Espetó con cortesía, esbozando luego una sonrisa que hizo a la chica sonrosar. La chica se paró de golpe del escritorio y avanzó hacia la puerta.

- Siempre espantando a las chicas-. Susurró Emily, con un tomo burlón en su voz. El eludido la miró con el ceño fruncido.

- Sabes que a mi no se me da con las mujeres-. Instó defendiéndose.

Emily no pudo contener la risa.

- Mejor vamos, que George me asesinará por haber llegado tarde-. Comentó ignorando por completo el ataque de risa de Emy.

Ambos caminaron hacia la puerta, una vez que la recepcionista volvía desde allá.

- ¡Chicos!, por fin llegan-. Exclamó gustoso George, parándose detrás de su escritorio y estirando la mano en señal de saludo.- Tomen asiento, por favor…-. Agregó luego, dejando de lado el puro que tenía en su boca… dejándolo consumirse en el cenicero.

- Gracias Sr. Dickson-. Dijo con cortesía Emily, sentándose a la par que con los dos hombres.

- Dejemos las formalidades para otra ocasión-. Espetó en cambio el nombrado, con cierta gracia en la voz.

- Muy bien, George-. Recalcó Jeremy, tragándose las risas.- ¿Para que somos buenos?-.

El hombre se removió de su sillón, una… dos veces y suspiró sonoramente. Se le veía un poco complicado.

- Verán… la sesión de España, pues me ha dejado conforme-. “¿Conforme?”, interrogó mentalmente Emily. “Yo la llamaría esplendorosa, ¡maravillosa!... pero, ¿conforme?, puff”.- La cosa es… la portada de este mes debe ser algo… algo más llamativo para la gente que compra nuestra revis…

- Al grano George-. Espetó de no muy buen modo Emily, exaltando a su compañero, quien estaba a su constado.

El nombrado le sonrió.

- Necesito más fotografías-. Claro y conciso.

Ambos fotógrafos se miraron asombrados. ¿Era lo que de verdad oían?

- ¿Perdón?-. Preguntó incrédula la chica

- Lo que oyen-. Le respondió George, echándose hacia atrás en su silla movible.- Miren… se que suena ilógico, pero con la sinceridad que de esta boca suele salir les digo que… que la revista no necesita este tipo de fotografías. No para este mes-.

“Solo respira, no hables. Solo respira”. Se recordaba Emily, tratando de atraer a ella la poca paciencia que aún le quedaba

Y no era para menos reaccionar así. Nunca había recibido reclamo alguno en contra de su trabajo, pero mayor aún era su molestia ya que había desperdiciado semanas en donde, no estuvo con su familia, alejada completamente de lo único por lo cual aún seguía en este mundo. ¿Pero que le importaba a aquel hombre que solo se la apasta sentado ahí?. Se regañó por ser tan egoísta y por solo pensar en sí misma. “Una más, y renuncio”, pensó decisiva.

- ¿Qué propones entonces?-. Interrogó Jeremy, tratando de mantener la paz entre ellos.- Dimos George-.

Bajó la mirada hacia el piso, aún balanceándose en su sillón de cuero negro. Tratando de encontrar algo relativamente conveniente

- Una mirada más, más hogareña… ¡NO!, mas bien simple pero que a la vez se vea extravagante-. Sugirió el hombre, extasiado por las ideas que rebotaban por su cabeza.- Me encantaría… Los Ángeles-.

El cuerpo de Emily se tenso en una sola línea. De todos los trabajos que pudo haber tomado, y de todos a los cuales había rechazado por quedarse en ese [por que específicamente le prometían los viajes hacia distintas ciudades] simplemente no lo creía.

Jeremy sintió como su amiga, a un costado de él, comenzaba con pequeños apretones en su mano.

- ¿Los Ángeles?-. Preguntó Jeremy, sintiéndose en la obligación de hablar por Emily.

- Claro, ¿Por qué no?... ¿acaso hay algún problema?-.

- No-no hay ninguno-. Saltó diciendo Emily, antes de que su amigo protestara.- No lo hay-. Les sonrío a ambos con una falsa mueca.

- No se preocupen por nada chicos. Le daré instrucciones para que mi secretaria les tenga listo el avión mañana en la madrugada, ya después…-. Hablaba de una forma tan rápida que a Emily poco se le hacía entender lo que él pronunciaba. Era una pequeña migraña en figura humana.

Arreglaron un par de asuntos más relacionados con el sorpresivo viaje y se retiraron del edificio.

El pleno apogeo de silencio, tanto Emily como Jeremy no sabían que hablar. Ella no quería volver a hablar del mismo asunto una vez más… y él no quería ser imprudente y tocar ese asunto. Pero debía hacerla hablar.

- ¿Estas bien?-. Le preguntó Jeremy a ella, ya acompañándola al su auto. Se apoyó en el marco de la ventana y la observó.

- Solo… solo déjame almacenarlo en el cerebro y te llamo-. Dijo tratando de encontrarle la gracia a sus palabras, esbozando una tosca sonrisa.- Estaré bien Jery-.

- Iré detrás de ti en mi auto… si pasa algo solo detente, ¿si?-. Asintió afirmativamente, con la cabeza gacha.

Se acercó un poco más a Emy y le besó la frente cariñosamente.

Lo que no sabía Jeremy es que lo que de verdad sentía Emily desde sus entrañas. Tantas evasivas por no ir a aquel sitio, tantas luchas por que su madre no diera con su paradero o más bien… encontrarse con aquella persona que aún estaba en el fondo de su corazón. Se sentía tan idiota por tan solo pensarlo, sabía que el ya no vivía ahí. El debería estar feliz de la vida con su familia, con SUS hijos y con SU esposa.

Era tan autodestructiva que le causaba placer cada vez que se lo recordaba. Solo una pequeña nota para nunca más olvidar.

Pensando en aquellas cosas fue que ha, marcha lenta, llegó a su casa. Se quedó un poco más de tiempo en el auto, con la frente en el volante y sus pensamiento a mil por ciento.

Sintió un pequeño golpecito en la ventana. Sin quitar la cabeza desde el manubrio miró hacia izquierda.

- ¡Vamos!-. Gritó desde la calle Jeremy, en un esfuerzo por que ella le escuchara, pero más era para saber si aún estaba bien.

Desganchó la llave desde la cerradura, abrió la puerta antes de haber tomado grandes bocanadas de aire y descendió desde el auto. A los segundos se le unió Jeremy a su costado, abrazándola por los hombros. Fundiéndole apoyo.

- Relájate, ¿ok?-. Susurró animadamente él. Ella asintió levemente, sonriéndole a penas.

Abrió la puerta de la casa y dejó entrar primero a Jeremy.

Los niños no habían ido a la escuela por algo que había pasado en el establecimiento… por lo que Matt había quedado a cargo de ellos.

- ¡Nadie viene a saludar al tío Jeremy!-. Gritó él, en dirección hacia la escalera. Momentos escasos después, apareció el primero de los dos pequeños.

- ¡Yiyi!-. Gritó entusiasmado Nick, bajando a paso rápido por las escaleras, lanzándose luego a los brazos de quien había hecho la llamada.- ¿Cuándo llegaste?-.

- En la mañana-.

- ¿Tu hermana?-. Le preguntó Emily a su retoño. Este la miro de inmediato.

- Sigue con su casita-. Dijo con una mueca en el rostro. Su madre le sonrió.-… no hay quien la saque de ahí-. Le comentó mirando al hombre que aún lo tenía por los aires.

- Veamos si puedo ser yo quien la rescate de ahí-. Espetó Jeremy, con una voz ronca, haciendo reír al pequeño.

Subieron las escaleras animosamente, pero la atención de Emily ya no estaba con ellos. Se despojó de su abrigo, colgándolo en uno de los percheros del armario. Caminó luego hacia el living, dejándose caer en uno de los tres sofás negros que en aquel lugar estaban. Cerró los ojos y ¡sas! por su cabeza comenzaron a merodear millones de preguntas, pero no podía concentrarse. No quería.

Sintió como de un momento a otro, el sofá comenzaba a inclinarse levemente hacía su derecha.

- ¿Pasó algo malo?-. Escuchó que le preguntaba Matt. Aún sin abrir los ojos, dejó caer su rostro por sobre el hombre de él.- ¿amor?-.

- No se si debería llamarlo malo-. Balbuceo a penas separando los labios.- No quiero ir-.

Su novio la miró con el entrecejo fruncido.

- ¿Qué deben hacer ahora?-. Preguntó confuso

- El Sr. Dickson quiere más fotos-. Se separó de él levemente, teniendo que abrir los ojos, clavándolos luego sobre los de él.- Y no se le ocurrió mejor idea que… que mandarnos a Los Ángeles-.

Tanto Matt como Emily quedaron en pleno silencio. Él sabía el miedo que sentía sobre aquella ciudad, pero… ¿era para tanto?. “Para ella si lo es”, pensó a su defensa. Se pasó la mano por la barbilla recién rasurada, en un atisbo de comprensión.

- De-debes pensar que algún día debería pasar, cariño-. Le susurró él, acariciando su mejilla con el bordillo de su mano.- Pero si no quieres ir, deja que Jeremy se consiga una ayudante-.

- No puedo dejarlo solo-. Dijo ella en cambio, con una leve sonrisa torcida.- No es lo mismo trabajar con alguien a quien no conoces, y yo conozco las mañas de él-.

- No te frustres si no desear ir… si quieres yo hablo con Jeremy-. Comentó parándose del sofá, dispuesto a ir donde Jeremy. Pero la mano de Emily lo detuvo.

- No lo hagas-. Dijo ella.- Solo quédate a mi lado, ¿si?-. Le sonrió, pero solo pudo aparecer una mueca torcida, casi como de dolor.- Por favor-.

Dudó por unos instantes, pero flaqueo al verla tan acongojada. Volvió a sentarse sobre el sofá.

- Sabes que todo saldrá bien… como siempre lo ha sido-. Dijo abrazándola y dándole un sutil beso sobre la frente.

- Gracias-.

Se quedaron unos minutos más sentados ahí, disfrutando de la compañía del otro. Solo que en aquella oportunidad algo la hacía dudar, de tan solo pensar en que el algún momento, estando ya en Los Ángeles podría volver a toparse con quien ya hacia mucho tiempo le había entregado el corazón mismo… pero no siendo correspondida. Solo el pensamiento de poder volver a ver a su pequeña hermana la hacía querer volver, solo por ella y nadie más… por que a quienes en el pasado habían significado algo para ella, ya nada quedaba de ellos dentro de su alma.

domingo, 17 de abril de 2011

Capítulo 4: ¿Broken Heart?



Se paró del sofá, dejando escapar un sonoro suspiro y caminó en círculos tratando de encontrar que hacer en casa. “Si que soy una extraña acá”, pensó con disgusto. Avanzó por el pasillo hasta la cocina, abrió la nevera con la intención de sacar algo para comer, pero algo le hizo llamar poderosamente la atención. Un pequeño papelito pegado en ésta con la letra de Matt en ella. Lo tomó mientras cerraba la puerta y lo leyó en voz alta. Era una lista de compras. Se sonrió al darse cuenta lo organizado que llegaba la casa Matt.

Una idea fugaz pasó por su mente, “Algo para distraerme, ¿no?”, pensó ya decidida con lo que iba a hacer.

Se miró al ver que tal estaba –llevaba una tenida deportiva- y viendo que no estaba mal tomó las llaves del auto y con la lista aún en la mano salió de la casa.

Las calles de Nueva York eran nuevas para Emily. Por lo mismo, trataba de manejar lo más cuidadosamente posible por las avenidas que escasamente reconocía.

Miró el reloj de su muñeca. 13:38 de la tarde. “Aún los chicos no salen de clases”, pensó al mismo tiempo que doblaba en la 5ª avenida.

¿Quién podía pensar siquiera en que ya pasarían los años y que vería a sus hijos ir a la escuela?, ¿Cuándo había sido el día en que dieron el estirón de su vida, dejando atrás los pañales y los biberones?. Pues al parecer nadie… ni siquiera Emily podía hacerse la idea de que sus hijos estaban creciendo, que en algún momento de sus vidas quieran ir a casas de sus amiguitos o que ya más mayores, poder salir con sus respectivas parejas. Pero no fue eso lo que realmente la preocupaba. Le daba miedo cuando, por tan solo curiosidad de alguno de los dos, preguntaran por su padre.

Al tan solo pensar en esa posibilidad, se le formó un hondo nudo en la garganta.

Por que era la mismísima realidad: Sus hijos debían saber quien era su padre y este mismo debía saber que existían. “No, nunca… por que nunca lo volveré a ver”. Pensó regañándose al tan solo recordar que podía hacerlo.

Diez minutos después, pudo dar al fin con el dichoso supermercado. Estacionó lo más cerca posible del establecimiento y descendió desde el auto. En una mano llevaba la lista con la letra toda desprolija de Matt, mientras que en la otra las llaves del auto.

Releyó la lista de alimentos y tomó un carrito para la búsqueda de estos.

Sal, azúcar, fideos, arroz, 450gr. de carne, variedad de sopas y jugos, salsa de tomate. Etc. Todo muy bien escrito según la sección en donde se encontraban, lo que le hizo el trabajo más fácil a Emily. Ya una vez obtenido todo lo de la lista, se acercó a la caja para pagar.

La fila era un tanto larga, por lo que no le quedo de otra más que esperar. Mientras lo hacía, era inevitable para ella ver lo que la demás gente realizaba.

Una pareja por un costado, revisando una y otra vez el carrito. Más allá un hombre de facha robusta colocando paquetes tras paquetes de cervezas. Eso la hizo sonreír.

Por último un menudo hombre a la misma distancia que ella de la fila, mirando de un lado a otro como ella lo hacía. Sus lentes negros no dejaban entrever su rostro, pero se veía que estaba muy intranquilo ya que no paraba de mover su pie izquierdo. Su vestimenta era para llamar mucho más la atención a Emmy: Jeans negros, una posible polera blanca –desde la posición de Emmy era imposible ver bien- y una chaqueta negra por sobre la polera.

No sabía por que razón no podía dejar de verlo… ¿era cierto misterio que de él emanaba?. No lo sabía.

Con ambas manos sujetaba la manilla del carrito, que si hubiera sido más fuerte, la hubiera roto.

Billie estaba en la fila para pagar luego sus compras. Trataba de hacerse notar lo menos posible, pero su ansiedad de querer salir de ahí lo podría delatar. Por lo mismo, de vez en cuando inhalaba y exhalaba bocanadas de aire para calmarse.

De pronto, una mirada dirigida a él lo hizo colocarse tenso. Cierta mujer, acentuada casi a su misma posición lo miraba distraídamente. “cagué”, pensó de inmediato. ¿Qué nunca podría ser alguien normal, que va a comprar en forma normal y que como toda persona, pueda salir normalmente a la calle?, pues sabía que la respuesta era un simple… no.

Trató de controlarse y verse relajado. Aquella chica lo había puesto mal… quizás pudiera ser alguien conocido y que por casualidad lo haya reconocido, quizás sea una fanática que al reconocerlo, mejor lo dejaba tranquilo. No, definitivamente la opción uno era la más lógica que podría él elegir.

Como si lo encontrara lo más divertido, comenzó a mirar por el rabillo del ojo hacia aquella mujer. No debía de tener más de 25 años, 26 a lo máximo. Su contextura delgada la hacia ver débil, pero su mirada… su mirada algo señalaba que era todo lo contrario. Pero su postura le hizo llamar más aún su atención. Su pié cruzado con el otro y el cuerpo levemente inclinado hacia atrás le hizo alusión a como solía pararse Emily cuando ella miraba como tanto él y Sofía jugaban… “Soy tan idiota”, pensó regañándose por si quiera pensar en ella. No podía serlo…. Ella estaba viviendo ya muy lejos de él.

“No entendía ni una m.erda de lo de la carta. Caí de sopetón al sofá, sin siquiera cerrar la puerta. Ya la había leído, pero estaba tan centrado en otra cosa que tuve que releerla. ¿ Qué era eso de si es que de verdad piensas hacerlo?, acaso… ¿acaso me estaba dejando?.

Una sensación abrumadora me recorrió el cuerpo, pensando en que podría ser una broma y que en escasos segundos ella podría cruzar el umbral, tirarse sobre mi y poder sentir al fin su compañía. Me engañaba por que sabía como era Emily. Lo que no me cabía en la cabeza era el por que.

Miré la hora en mi celular… 13:34 de la tarde. Aún podría alcanzar a preguntarle a su amiga que idiotez era esa.

La sola idea de verla en la escuela fue mi motivación para pararme, tomar las llaves del auto desde la mesita de recepción y correr escaleras abajo.

Tomé el volante del auto, pero no podía hacer nada. Los nervios me mataban.

Me concentré y respiré hondamente, tratando de controlar mis impulsos y poder manejar hasta el colegio, llegando sano y salvo.

Estacioné a las afueras del recinto –ni siquiera me di el lujo de escuchar la voz del portero que estaba a las fueras de este- y caminé apresuradamente, empujando la puerta de vidrio y entrando a los corredores principales.

Por suerte aún estaban el receso. Suerte por que no estaba con ánimos de entrar a su sala y verificar si estaba ahí, no quería cometer ninguna locura. Busqué por sobre la cabeza de la demás gente, tratando de dar con la amiga de Emmy. “esta es mi suerte”, pensé disgustado al ver que no aparecía. Hasta que ¡bingo!, la divisé en uno de los asientos de la gradería, comiendo una manzana y mirando distraídamente hacia el patio central.

Me recordé que debía ser discreto y avancé hasta ella.

- ¿Te molesta que me siente?-. Pregunté estando a su lado. Me miró con los ojos levemente abiertos, dejando a medio morder la manzana.

- N-no-. Respondió ella, casi perpleja al verme.

Le sonreí

- Ne-necesito hacerte una pequeña pregunta-. Dije tras minutos de balbuceos… no sabía que m.erda decir.

Se quedó observándome durante un buen tiempo, con los ojos semi cerrados y con un misterio que me hizo poner más nervioso aún. ¡Era solo preguntar!.

- Dime-. Dijo luego.- para que soy buena-.

- Bueno… lo que pasa es que, es que estoy tratando de localizar a Emily-. Solté ya después de trastabillarme la lengua.- Es sobre lo de la obra…-.

La chica asintió afirmativamente.

- Me dijo que podría ser que la buscaras por eso-. ¿Podría?, ¡jo!.- Ella se fue-.

La punzada que me dio en el mismísimo corazón fue sorpresiva. ¿Cómo era que se había ido?, al parecer, la carta no era broma.

- ¿Se fue?-. Repetí en voz alta, recalcándomelo.- ¿A-a donde?-. Dije perdiendo un poco la paciencia. No podía ser

- No tengo idea… solo me dijo que su padre había tenido problemas acá con su trabajo y eso… -. Dijo ella, encogiéndose de hombros.- Me parece que se iba a Europa-.

No lograba entender el por que de la sorpresiva huida. Esa no era la Emily a la que conocía. Si tenía un problema conmigo debía decírmelo, aun que en lo más hondo de mi ser no quería que se fuera. Ya me había acostumbrado a su presencia. No lo creía.

- Muchas gracias-. Le dije a ella, con cierta sonrisita torcida.

Minutos después me alejé de las graderías, comenzando a caminar lentamente. Llegar hasta mi auto se me hizo una completa eternidad.

Una vez adentro, no pude controlar los impulsos, vaya que si que los aguante. Golpeé una y otra vez el volante, tratando de desquitarme con algo. Buscándole las respuestas con la simple violencia. ¿Qué m.erda me pasaba?, no lo sabía.

Respiré hondamente, dejando de lado los fuertes pulsos que de mi mano ejercían, por los mismos golpes dados al volante. Me concentré en que debía manejar lo más bien posible, no quería terminar tendido en la acera. Oh no.

No supe que hacer ni donde ir. Ya prácticamente no me importaba nada si a ella ya no le importaba. Era una incógnita escrita en mi memoria. No se como, cuando ni el por qué llegué a las afueras de su casa. Tenía la leve sospecha de que algo pasaba… el presentimiento suele ser la más sabia de las verdades.

Esperé sine entender que hacia ahí. Era un tipo de autodestrucción masiva que yo mismo me provocaba. No debía de sentirme tan agobiado, pero aún así lo sentía… y cada vez; cada segundo, minuto, hora, días, meses, incluso años no dejaría de sentirme así.

Las horas pasaban y yo seguía ahí, con la mínima esperanza de verla aparecer desde su puerta, pero nada. Estuve a punto de darme por vencido y dejar que todo siguiera su rumbo, pero al ver que alguien doblaba hacia la entrada de su casa. El corazón volvió a golpearme fuertemente. Me acomodé en mi asiento para poder ver mejor y observe.

Vi al chico acercarse al timbre y oprimirlo, mirar por ambos lados impaciente por algo y ya… después, después prefiero no recordarlo de un modo muy agradable.

Emily había salido desde el interior de la casa. Se veía tan hermosa que de tan solo pensar que estaba cerca de mío, el impulso de salir del auto y correr para poder estrecharla contra mí me invadió por completo, pero no todo era lindo. La vi acercarse al chico y darle un sutil beso. ¿Corazón roto?, podríamos decirse que si.”

Desvió la mirada de aquella mujer que le inspiraba todos aquellos recuerdos. Se regañó mentalmente por haber siquiera mencionado su mente, ¿es que acaso no podía vivir sin mencionarla?, ¿es que por algún momento de su vida dejaría de pensar en ella?, pues al parecer no.

Avanzó los pocos pasos que le quedaban, tomando así su oportunidad de entregar los productos de su carrito y pagarlos. Le entregó a la cajera – que por lo demás era muy joven- el dinero que le había costado toda la compra, como una forma de poder distraerse leyó la placa que contenía su uniforme “Usted es atendido por Carla”, se sonrió negando débilmente la cabeza, tomó las respectivas bolsas y miró por última vez hacía la chica. Le sonrió amargamente. “Claro, si fuera ella, yo sería Peter Pan”, pensó con cierta gracia ya avanzando hacia el estacionamiento.

No había podido quitarle los ojos de encima a aquel hombre de aspecto misterioso. Presentimiento loco, o absoluta paranoia, no lo sabía. Vio como aquel la observaba desde ya muy lejos de ella. Incluso le dio la sensación de haberle sonreído. “Ya para Emily”, se dijo mentalmente, tratando de controlarse un poco.

Esperó un poco más en la fila, hasta que fue su turno. Colocó los productos en la bandeja movible, esperó a que la cajera pasara las cosas hacia el otro lado y pagó. Tomó las bolsas y caminó hacia el auto.

La sensación que la había dejado aquel hombre la hizo esperar un poco más en el asiento. Tratando de controlar sus pensamientos.

- Eres una completa paranoica-. Se dijo en voz alta. Dándole marcha al motor del auto y dejando atrás todas aquellas sensaciones extrañas… confusas, que no la dejaban pensar con extrema calma.

sábado, 16 de abril de 2011

Capítulo 3: ¿No hay lugar como el hogar, cuando no tienes donde ir?






La escasa luz de sol de un invierno que acababa de comenzar se escabulló por entre las cortinas, dándole silenciosa y molestamente sobre el rostro de quién dormía plácidamente sobre la cama.

Lentamente y con pereza, Billie Joe comenzó a despertar. Su mirada era ida, como cuando uno trata de ubicarse una vez que se esta en un lugar que no conoce o – en el caso de él- que no recordaba. Se restregó un ojo con el bordillo de la mano para aclararse la vista y tomó desde la mesita de luz su celular para ver que hora ya era. 12:30. Se espantó al ver lo tarde que había despertado. Pero un alivio luego lo hizo reaccionar: Por primera vez en mucho tiempo se sentía con la plena libertad de hacer y deshacer todo lo que el quisiera.

Con ese ánimo a cuestas se pudo para de la cama, buscó entre la maleta toallas y ropa limpia –teniendo que obligatoriamente cruzar el living- y se introdujo en el baño.

La sensación del agua por sobre él lo relajó, ayudándolo en cierta forma a pensar con más claridad lo que desde este instante haría. No se quedaría encerrado para siempre, ¿no?.

“Bien Armstrong, ¿Qué haremos hoy?”

La última vez que había hecho esto mismo las consecuencias al final de todo no fueron muy agradables. No quería volver a cometer el mismo error, ¿cuál?... obsesionarse tanto por alguien. Emmy. Una abrumadora sensación le recorrió el cuerpo, siendo así que ni el agua tibia pudo apaciguar el escalofrío que iba desde la columna hasta la punta de los pies.

“¿Solo en esta ciudad?, pero si hay mucho que ver, visitar… ¡comprar!”

¡M.erda!, no tenía nada aún en la nevera. ¿Qué rayos pretendía hacer con un simple limón todo roñoso y un queso asqueroso, ya tirado a la basura?. Pues nada.

Tal y como si le hubiesen inyectado un tipo de adrenalina pura en sus venas, Armstrong salió de la ducha, se secó y vistió ya en la habitación. Busco entre sus cosas la billetera y revisó si es que necesitaba sacar algo más de dinero. “Suficiente”. Pero otro problema… ¿Cómo sería capaz de traerse tantas cosas si su auto lo había dejado encargado en el aeropuerto para que Mike después lo fuera a buscar?. Retomando claramente esta idea, se dio un palmazo en la frente.

- A tomar taxi-. Dijo en voz alta, no quedando otra opción fiable.

**

Siempre que regresaba de sus viajes por trabajo no podía dejar de hacer notar lo rápido que sus hijos habían crecido. No se dio ni cuenta cuando una tarde y con más de un año de vida, Nicholas decía su primera palabra, o como Charlotte lograba sostenerse por su propia cuenta sobre sus piernas. Todo pasaba velozmente por que su trabajo le imponía tiempo casi completo para ello. Trabajar en una famosa revista de modas y ser uno de los tres fotógrafos de ella le había costado demasiado, pero en cambio perdía otras cosas, como por ejemplo la inocente infancia de sus hijos.

Era una fría mañana de Noviembre, los niños acababan de ir al colegio, llevados por Matt –obviamente-, ya después de ir a dejar a los chicos al colegio se iría a reunir para planear cosas de su banda – no era muy conocida por los medios, pero de a poco iban progresando… no llevaban más de cuatro años juntos-, por lo que había dejado en plena soledad a Emmy en la cama.

De a poco iba avanzando las horas y la molestia del sol en los ojos la hizo despertar. Con un bostezo sonoro y una completa estirada, Emily se bajó de la cama aún adormecida y caminó a pasos lentos hacia el baño. Abrió el grifo del agua y se refrescó la cara. Ya más despierta, se metió a la ducha no por mucho tiempo… deseaba poder disfrutar el día y lo mejor era no demorarse mucho en hacer otras cosas.

Regresó a la habitación y tomó lo primero que encontró en su armario, ya después bajó a la cocina a prepararse el desayuno.

No llevaban mucho tiempo viviendo en Nueva York, dos o tres meses, valga uno a saber la cuenta exacta, pero anteriormente habían estado en Italia. El por qué de su cambio había sido preferentemente por el trabajo de Emmy, además que de a poco empezaban a extrañar su antigua tierra.

Terminado su desayuno, no sabía que más hacer. Se sentía como una extraña dentro de su propia casa. No había podido hacer amistades por que no se había dado la oportunidad y para que hablar de familiares… era mejor dejar ese tema atrás en la vida de Emily.

Durante su estadía en Italia, en más de una oportunidad trataba de comunicarse con sus padres, saber algo de su pequeña hermanita pero nada. Su madre nunca permitió que pudiera entablar una conversación con Sophie, ¿Por qué tanto odio hacia ella?, valga uno a saber… eso solo lo sabe Mary. Tras varios intentos, ya un día dejó de llamar, de preguntarle a su tía que tanto pasaba en Los Ángeles. Ya eso había quedado atrás.

Sumida en esos pensamientos estaba Emily, cuando desde el living se oyó el sonido del timbre del teléfono. Movió levemente la cabeza para concentrarse y caminar hacia la siguiente habitación. Dio bocanadas de aire grandes y tomó el teléfono.

- ¿Diga?-. Dijo sentándose en uno de los sofás.

- ¿Cómo esta la mujer más hermosa de la tierra?-. Dijeron desde la otra línea. Emmy sonrió al reconocer la voz.

- Muy bien querido Jeremy, ¿y usted?-. Espetó con cierta elegancia en su voz. Se escuchó una risita.

- De excelente humor hermosa-. Comentó el nombrado, aún con la sonrisa en su rostro.

- Te oigo perfectamente-. Dijo ella.- ¿Para que soy buena?-.

- Mm… no lo se-. Su voz sonaba exageradamente sensual. Emmy rió aún mas fuerte.- Me acaban de llamar desde la editorial… quieren que nos juntemos de inmediato-. Al escuchar la información, se le hizo imposible a no hacer cierta mueca de disgusto. ¿Acababa de llegar y ya debía trabajar?. Injusto.- Se que acabas de llegar a casa hermosa… pero piensa que si entre más pronto nos juntamos más podrás estar con tus creaturas-. Le alentó Jeremy.

- Siempre encuentras la forma de hacerme aceptar-. Dijo con cierto “reto”, riendo luego junto a su amigo.

- Voy a estar llegando entre el miércoles o jueves-. Le informó él, ya apunto de cortar la comunicación. Llamar desde Italia salí un tantito caro.- Avísale a los niños que el Tío Jeremy ¡les llevará regalos!-. Gritó él.

- Yo les diré. Nos vemos-.

- siamo belli-.

La comunicación se cortó al instante. Escuchar una de las pocas voces conocidas hizo que Emily se sintiera de mejor ánimo. Jeremy había sido su apoyo durante su estadía en Italia… mientras Matt no aparecía.

“Cuatro, cinco, seis meses… ya no sabía la cuenta exacta de cuanto tiempo llevaba acá. Hacía ya poco tiempo había llamado a mamá, pero como era ya de esperarse, no quiso hablar conmigo. En cambio si lo hizo papá, quien por muy poco expresivo que se le oía, sabía que por dentro sonreía al escucharme. Lo único malo fue que por más que le rogué a mi padre que me pusiera a Sophie al teléfono, no quiso. “No insistas Emily, sabes que a tu madre no le gustará”, que no le guste al demonio.

Salí de mi habitación y bajé las escaleras con cierta dificultad -si llevar a una sola personita es pesado, imagínense lo que era llevar dos- hasta el living. La prima de Mary había salido a hacer un trámite, por lo que la casa era más solitaria aún. Daba un poco de miedo por que parecía de estas casas antiguas de las películas de terror, a lo Frankenstein y todo el cuento.

El living era peor aún, esos muebles antiguos y que rechinaban por las noches. Ni se lo imaginan. Me senté en el sofá duro y tomé uno de los tantos libros que el Sr. Bouvier me había dado como lectura para una pronta prueba. No recuerdo como se llamaba, pero era de esas típicas novelas rosa, en donde el amor es imposible y muchas otras payasadas que no valen la pena mencionar, al final el bien triunfa contra el mal y aplausos llantos y miles de otras cursilerías. Era para matarse de la risa de solo imaginarlo.

El día afuera era hermoso. La lluvia había parado hacia ya unos minutos y el sol se asomaba con toda plenitud. Quedé extasiada; perdiendo toda atención en la lectura, observando por el ventanal a la gente que transitaba por la calle. “Todos disfrutando, menos yo”, pensé disgustada. En un movimiento algo brusco me paré del sofá, tomé mi abrigo desde el perchero, mi bolso y salí de casa. “Un problema más, un problema menos… que va” dije mentalmente, dándome el ánimo para atreverme a cerrar la puerta por completo.

Crucé la calle mirando por ambos lados, llegando al otro extremo. Si que me sentía una completa fugitiva.

Saqué desde el bolso una cámara fotográfica –se la había pedido a papá la última vez que había hablado con él, por lo que era prácticamente nueva- y comencé a sacar tomas por doquier. Si había un pequeño perro pidiendo en la puerta de la carnicería su comida, ahí estaba con mi cámara. Era una agradable forma de distracción.

No me había dado cuenta que había caminado muy alejada desde donde lograba conocer de Florencia. Pero algo llamó mi atención poderosamente… olvidándome por completo que estaba algo perdida. La música y las risas lograban llegar hasta el otro costado de la esquina.

Era un pequeño circo, de esos que no pasan muchas temporadas en un mismo lugar. Estaba situado al medio de un parque, “no estoy tan lejos de casa”, pensé al reconocer la calle contigua en la que estaba varada.

- ¡Pasen y disfruten de la magia del circo!-. Gritaba un hombre ya entrado en edad, vestido de pies a cabeza con un traje de payaso. Su acento italiano era maravilloso.

Los niños a mi costado lo miraban maravillados, mientras que el payaso hacia trucos con globos. Muchos rogaban a sus padres para que entraran, otros… otros solo observaban con un brillito en sus ojos. Era divertido verlos gritar asombrados con cada truco que el viejo payaso hacía.

El menudo hombre disfrazado, comenzó a caminar por entre la pequeña multitud haciendo y deshaciendo trucos. No era una oportunidad para desgastar, por lo que me tomé el atrevimiento de sacar un par de fotos… no muchas para no causar problemas.

- Una flor para otra flor-. Dijo estando en frente de mí, sacando desde detrás de mi oreja un pequeño tulipán rojo, entregándomelo con reverencia.

Le sonreí.

Me entusiasme más aún y decidí comprar un boleto para la próxima función del día. “Bien, si mi tía ya esta en casa… mejor disfruto mis últimos minutos de libertad”, pensé divertida, imaginándome su cara de completo horror.

Debía de esperar media hora ya que todavía no terminaba la otra función. Mientras esperaba compré un saco de palomitas y recorrí los alrededores de la carpa. Pensé que podría encontrarme con animales enjaulados, pero para mi sorpresa no había nada de eso. Solo unas cuantas casas de esas rodantes.

Ubiqué un banco para sentarme por que ya comenzaba a cansarme. Tener este peso encima, se los juro que es cansador.

- ¡Déjame en paz!-. Escuché que gritaban desde una de las pocas casas rodantes contiguas al circo. Luego un fuerte portazo y unas torpes pisadas fuertes sobre el piso lleno de hojas semi-secas.

De a poco fui visualizando una pequeña figura que caminaba dando pasos gigantes y en circulo. Me entró un miedo horrible al verlo avanzar hacia mí – no directamente-. No debía de tener más de 20 años.

Me puse más incomoda al ver que ya más sumiso, se sentaba al otro extremo del banco. Seguí comiendo palomitas tratando de verme lo más normal posible, pero me fue imposible despegar la mirada de él. Lo observaba a través del rabillo del ojo. Lo escuché llorar en silencio, sin despegar los ojos del cielo. Como si tratara de buscar respuestas en el mismísimo cielo.

Me mordí el labio inferior para no abrir mi bocota, valga uno a saber como reaccionaría si le preguntaba algo.

- Qué irónica es la vida a veces, ¿no?-. Dijo el chico. Lo sentí moverse en la banca y posar sus ojos en mí.- Uno no puede agradarle a todo mundo. Y ahí aparece él, tratando de hacerme cambiar, ¡ja!-. ¿Me hablaba a mí?, pues al parecer si. Volví a mirar por entre el rabillo del ojo y lo vi sonriéndome amargamente.- Que mal educado soy… me llamo Jeremy-. Agregó luego, viendo que yo no decía nada. Estiró su mano hacia mí. Su acento era algo raro.

- Yo-yo soy Emily-. Dije aturdida, estirando mi mano hacia él.

- Perdón si te asusté-. Se excusó mientras se sobaba la nuca

- No te preocupes… no escuché nada-. Me miró significativamente.- Ok, si lo hice. Perdón-. Agregué luego, avergonzada.

- Esta bien, de igual forma necesitaba llamar la atención-. Ahora era yo quien lo miraba con una ceja levantada.- Yo me entiendo-. Dijo restándole importancia con un gesto con la mano. Asentí- Por lo que veo no eres de acá-.

- Eh… no. Soy de Los Ángeles-. Silbó largamente, tratando de decir que era un largo tramo.

Me reí.

- Yo era de Florida… más bien papá lo era. Yo nací acá-. “De ahí el acento”, pensé.- ¿Esperas a tu novio?-.

- No, ¿Por qué lo preguntas?-. Fue la pregunta más idiota que he podido decir en mi vida.

Apuntó con su dedo índice hacia mi barriga. Me quería morir de vergüenza.

- No quise incomodarte… perdón-. Se disculpó al ver que no despegaba la vista desde mi vientre. Levanté la vista y le sonreí.

- No te preocupes. Es mi manera de llamar la atención-. Nunca había oído risa más aguda que la de él.

- ¿Cuánto tienes?-. Preguntó curioso, ya estando más calmado.

- Voy para los seis meses-. Volvió a silbar como la primera vez.- ¿Problemas con tu padre?-. Ahora era yo quien quería saber de su vida.

Me sonrió torcidamente

- Lo de siempre… quiere que actúe en el circo, pero no tengo la menor idea de que hacer-. Dijo con la voz frustrada.- Creo que uno de estos días me iré de casa-.

- ¿Por qué lo dices?, si fuera tu desearía poder estar con mis padres… poder volver donde yo estaba-.No me había dado cuenta que era yo quien desahogaba sus penas… hasta un par de lágrimas cayeron involuntariamente.- Pero no puedo-. Agaché la cabeza para limpiarme los restos.

- Veo que no la pasas muy bien, ¿eh?-. Asentí afirmativamente.

- Trato de disfrutar todo lo que acá tengo… pero igual se extraña el hogar.

- ¿no hay lugar como el hogar cuando no tienes a donde ir?-.

- Así es-. Espeté sonriéndole.

- Creo que nos llevaremos bien-. Comentó Jeremy en cambio, abrazándome por los hombros. Si que me sentía acompañada por primera vez.

La función por la que había comprado el boleto ya había comenzado, pero yo me quedé ahí conversando un tiempo más con Jeremy. Como había dicho… era la primera vez que me sentía en compañía. Desde entonces, Jeremy había sido gran parte de mi apoyo para pasar todo lo que se me venía.”

viernes, 15 de abril de 2011

Capítulo 2: Mente Traicionera.





La lluvia comenzaba a resonar al hacer contacto con el suelo y los techos de las casas. De pronto, un auto se detuvo lentamente al frontis de una de ellas, saliendo desde el interior de este. Con algo más que apuro abrió la puerta trasera, sacando de un modo cuidadoso a ambos niños, acomodándolos en su regazo para luego echar a correr bajo el techo del cobertizo frontal. Detrás de ellos salió la última integrante del auto. Con pasos lentos y descuidados comenzó a caminar hacia la casa, disfrutando de cómo la lluvia hacia contacto con su rostro.

Al ingresar por la puerta principal, Emmy se sacó su abrigo y lo colgó en el perchero, junto con los de Matt y sus hijos. Inhaló bocanadas de aire, sintiéndose por primera vez en el año en casa.

- Ven mami, vamos a ver mi casita-. Le dijo Chuck, tirando de su mano para que la siguiera.

Le sonrió amargamente… se parece tanto a Sophie

- Deja que mami descase un poco-. Espetó en cambio Matt hacia la pequeña, quien volvió la mirada hacia su madre.

- En un rato más voy-. Dijo agachándose hacia ella, peinándola luego con la mano despreocupadamente.

La niña le sonrió y se le acercó para darle u beso en la mejilla.

- ¡Nick!-. Gritó ya dándose media vuelta, en dirección a la escalera. Con más que entusiasmo la subió.

- ¿Quieres tomar algo?-. Preguntó Matt, abrazando a Emmy por detrás. Sintiendo el calor del otro.

- No, aún no-. Dijo despreocupada, sin dejar de mirar por las escaleras. En un movimiento lento giró sobre sus talones, quedando frente a frente de su novio.- Te extrañé-. Comento luego de darle un suave beso en los labios.

- Ya lo imagino-. Espetó este en cambio, con cierta picardía en su sonrisa.

Se quedaron escasos minutos mirándose uno al otro. Ella no podía dejar de ver lo azules y brillantes que podían estar los ojos de él… sus facciones de la cara simétricamente perfecta. Su sonrisa. Él e cambio, acariciaba su espalda cariñosamente, sin despegar los ojos de los de ella, es que no podía dejar de ser perfecta para él, su desordenado cabello color oro. Estaban hipnotizados. De ese mismo modo acortaron la distancia, besándose como hace mucho no lo hacían. Necesitándose.

Aún abrazados subieron las escaleras hasta llegar a su habitación, al fondo del corredor.

- ¿Qué tuviste que hacer ahora?-. Le preguntó Matt a Emmy, soltándose al ingresar a la habitación. Ella se sentó sobre la cama. Hacia días que no dormía del todo bien, siempre era en hoteles, pero de igual modo no era lo mismo.

- No mucho la verdad. Jeremy estuvo haciendo casi todo el trabajo… yo solo lo ayudaba con los detalles, ya sabes, como poner las luces o el fondo-. Respondió ella.- Igual aproveché de recorrer un poco-.

- ¿Algún cambio en Barcelona?-. Inquirió Matt, ya dentro del baño con algo así como un grito para que desde el otro lado de la puerta Emily pudiera escuchar.

- Todo igual como hace seis meses-. Dijo ella, al momento en que su mente viajaba hacia los recuerdos. (¿)

- Me imagino que ya terminaron con lo de la revista-. Dijo Mathew, más como comentario que no interrogación. Salió desde el baño, sentándose al lado de su novia y acurrucándola sobre su pecho.

- Solo hay que arreglar un par de cosas… pero eso lo veré cuando Jeremy me llame-. Espetó con un tono despreocupado mientras distraídamente pasaba sus dedos por sobre el pecho de Matt, dibujando círculos imaginarios.- ahora quiero descansar-.

- Pues deje comunicarle señorita que no podrá hacerlo-. Dijo él, con una sonrisa pícara en su rostro, al instante en que se acomodaba por sobre Emmy, abrazándola en un caluroso beso.

- Debo ir donde Chuck-. Comentaba entre besos Emily, tratando de volver a respirar normalmente. Matt entendió al instante a lo que se refería, por lo que lentamente levantó su rostro, quedando frente a frente al de ella.- No me mires así-. Decía ella, quitándole despreocupadamente uno que otro mechón rubio desde su frente.

- Bien-. A duras penas la safó de sus brazos, cayendo duramente contra su espalda y el colchón.

Emily quedó observando a Matt, quien no despegaba la vista desde el techo, mientras su pecho subía y bajaba rápidamente. No pudo aguantar las ganas de reír. Al notarlo, Matt fijó sus ojos por sobre ella, con el entrecejo fruncido, sabiendo aún así que no podía enojarse con ella. Nunca lo haría. Al hacérselo saber a Emmy; con una sonrisita en sus labios, ella pudo pararse y dirigirse hasta la pieza de sus hijos, sin antes escuchar un grito de burla por parte de su novio:

- ¡Los tienes muy consentidos!-. Ella rió a carcajadas.

**

Tomó la llave correcta, desde las pocas que en su poder llegaba su llavero y giró la chapa para que la puerta pudiera abrirse y así darle el paso de entrar hacia el departamento. No llevaba muchas cosas dentro de la maleta, solo la ropa suficiente para varios días, ya después ocuparía las mudas que aún conservaba en su armario. Todo menos acercarse a una lavadora.

Al instante de ingresar, el olor a encierro y a penuria humedad golpeó en la nariz de Billie Joe. Era más que evidente que nadie había estado ahí hacia ya mucho tiempo. A pasos lentos y después de dejar la maleta a un costado, cerrar la puerta de un suave golpecito con su pie y sacarse la húmeda chaqueta caminó hacia las ventanas, solo para abrir las cortinas y dejar que la escasa luz que él día otorgara invadiera la habitación. Afuera aún llovía y no era buena idea abrir las ventanas.

Recorrió con la vista el recibidor y el living –conectados ambos-. “Hay que asear”, pensó haciendo una mueca involuntaria con los labios. Dejó las llaves sobre uno de los frascos de adornos y caminó hacia la cocina. Ya después solucionaba lo del aseo.

Abrió en primera instancia la nevera casi vacía. Solo destacaba algo azul, colocado en un platillo y que desde el cual salía un olor de los mil demonios. “No más queso en la lista”, pensó Billie, tomando rápidamente la cosa fétida y tirándola en el tacho de basura. Lo último que se podía observar el un simple limón, arrugado a más no poder. Cerró la puerta malhumorado al no poder encontrar algo para comer o tomar. Y como no si el departamento solo lo ocupaba para escasas situaciones.

Se devolvió hacia el recibidor, y desde la maleta sacó un lápiz. Con él en la mano regreso a la cocina y en un trozo de papel – que estaba pegado e la puerta de la nevera, sujetado por imanes- escribiendo en el: “Mañana compras”. Lo volvió a colocar en su posición y satisfecho por su hazaña cruzó el living yendo directamente hacia la habitación principal.

Al ver la cama, un sueño incontrolable lo invadió. No pudo dormir en el avión que lo traía desde Los Ángeles (¿) ya que cada cierto tiempo alguna chica lo llamaba tímidamente para sacarse una foto con él, o para que simplemente estampara en un trozo de papel su autógrafo. Ser famoso tenía sus consecuencias… de igual modo, se sentía muy cansado. “Luego cambio cubrecama”, pensó al tiempo que se traba sobre ella, dando un suspiro sonoro.

No le costó mucho quedarse dormido completamente.

“Quedé paralizado en la mesa cuando sentí que la puerta se cerraba detrás de ella. No lograba entender su cambio de humor. Al principio la atribuí que era por que yo muchas veces me comportaba como un verdadero pendejo con ella. No quería pensar en otra posibilidad.

Aún atónito por la situación, caminé escasos pasos hasta llegar a la ventana y ver como Emily cruzaba la calle, mirando minuciosamente por ambos lados en dirección al parque. Unas ganas horribles de correr detrás de ella me invadieron por completo… pero por algo que aún no loro entender es que simplemente no lo hice. Llámenle orgullo, o lo que quieran.

Me quedé inmóvil en la ventana, sintiendo una brisa repentina.

Una o dos horas después, ya más sumiso con mis pensamientos, decidí llamarla solo para saber si había llegado a su casa. De igual forma me preocupaba… y mucho.

El tono del celular no dejó de cesar. Debía de estar más que enojada. Eso me asustó un poco, o por el hecho de que lo estuviera conmigo, si o que… que no quería que nada entre nosotros cambiara. Ya saben a lo que trato de hablar, ¿no?.

Dejé de insistir y ya minutos después recaí una llamada inesperada de Mike. Se le oía endemoniadamente entusiasmado cuando me decía que debía ir a Oakland, disque que para oír algo que había compuesto. Sin pensarlo ni una, dos o tres veces tomé las llaves de mi auto, yendo hacia donde me correspondía hora.

Tarde más de lo provisto, unos cuatro días para ser más específicos.

- ¿Lo tienes realmente decidido?-. Me preguntaba Mike en relación a lo de mi divorcio, en uno de esos recesos en el estudio.

- Michael, querido. Deja de preguntarle tantas veces lo mismo-. Le reprochó Tré (el otro integrante de la banda) con tanta seriedad en su voz que me sorprendió, haciéndome reír escasamente.- Si quieres unirte al club de los solteros… ¡Bienvenido seas!-. Espetó luego con su ya característica alegría, tomándome por los hombros y meciéndome levemente.

- ¿Gracias Tré?-. Inquirí sarcásticamente, tragándome la risa. El eludido sonrió complacido.- Lo he pensado mucho… incluso acepté la propuesta de Addie de esperar un poco más-. Dije en alusión a la pregunta de Mike.

- ¿Tanto tiempo fuera de casa y aún no sabes?-. Espetó este en cambio, con cierto regaño en su voz. Sabía que tenia razón… ya había pasado mucho tiempo. Pero no tenía resuelto aún lo que iba a ser mi vida, la de Addie y por sobre todo la de mis hijos.- Te conozco y a ti algo te pasó el Los Ángeles-. Inquirió luego, mirándome minuciosamente con ambos ojos semi cerrados. Si que me puse incomodo.

- No me pasó nada-. Mentí tratando de sonar lo más convincente posible, pero engañar a Mike era casi imposible… seguía mirándome con duda.

- ¡Te tirita una ceja!, ¡te tirita una ceja!, mientes Billie-. Me acusó Tré, apuntándome con un dedo mientras seguía repitiendo lo mismo en un tono cantadito.

- Deja de hacer eso-. Dije malhumorado, tratado de que cesara de su jueguito.- No miento-. Y otra vez miré a Mike tratando de ser convincente.

No dijo nada, solo miró su botella que tenía entre las manos. Aún seguía sin creerme, lo conocía tanto como él a mí.

Ya después de eso nos dedicamos al disco. No había mucho todavía, solo una de las muchas ideas en mi cabeza, de las cuales pudimos unir con la parte que Mike había escrito y otras más… gracias a la ayuda de Emmy.

Al día siguiente retomé el camino hacia Los Ángeles, un presentimiento repentino me invadió al entrar al edificio. Prácticamente corriendo subí las escaleras, necesitando ocupar mis piernas. Con algo más que ansiedad logré abrir la puerta, encontrándome en el pasillo algo blanco que indicaba que era para mí (tenía mi nombre) con una letra fina. Recogí lo que debía de ser una carta, cerré la puerta y dejé la pequeña maleta a un costado. Atónito por lo que debía contener, me senté e el sofá y la abrí desesperado.”

Un sonido acompañado por un movimiento vibratorio hizo que Billie despertara al instante. Su celular sonaba dentro de uno de sus bolsillos.

Aún espasmado por el sueño y la que se podría llamar “pesadilla”, busco dentro de sus bolsillos lo que lo había hecho despertar.

- ¿Diga?-. Dijo con la voz pastosa, haciendo carraspear la garganta para que pudiera sonar normal.

- ¿Billie?, ¡donde m.erda te metiste!-. Escuchó la voz de Mike desde la otra línea. No se le oía muy alegre.

- Yo también te quiero-. Dijo en cambio el nombrado con una sonrisa. Se escuchó un suspiro.

- ¿Dónde estas?-. Volvió a preguntar el otro, ya más calmado.

- En Nueva York. Decidí tomarme….-.

- Addie me lo dijo todo Billie -. Le interrumpió Mike con cierta desilusión en la voz.- ¿Qué hiciste ahora?-.

- ¿Qué hice?-. Repitió de mala gana.- discúlpame Mike, pero no estoy para tus sermones... estoy bien-.

- Me alegro que estés bien, pero todo el mundo te esta buscando. Addie llamó preocupada, pensando que algo que había pasado y nos asustamos. Tú nunca sales sin avisar… no que yo sepa-.

- Mira Mike-. Dijo tratando de sonar razonable.- Necesito que no le digas a nadie en donde estoy... no por ahora-.

- ¿Por qué?-.

- Porque… porque necesito descansar un poco, ya sabes-. Espetó al termino de la frase con la voz frustrada.- ¿podrías ayudarme?-.

- Y que les digo si me preguntan… algún paradero debo dar Billie-. Se le escuchaba afligido, no le gustaba mentir, pero si era por su amigo…

- Di que me fui a Washington, a Florida… a donde se te ocurra, pero por favor no les digas que estoy acá-.

Silencio mutuo.

- Esta bien-. Dijo derrotado por los ruegos de Billie Joe.- Pero me la deberás-.

- Lo que usted diga Michael, querido-. Dijo de mejor humor Armstrong.

- Debo irme… Britt debe de estar llegando y no quiero que me pille hablando contigo, si es que quieres no ser descubierto.

- Como si estuvieras hablando con tu amante-. Comentó Billie, no pudiendo dejar de rotar los ojos, aun que su amigo no lo viera.

- Idiota-. Dijo al último Mike, antes de colgar el teléfono.

Al cortarla comunicación Billie, se estiró nuevamente sobre la cama. No tenía necesidad alguna por levantarse. De pronto el extraño sueño volvía a invadirle en la mente. ¿Por qué diablos lo había soñado?, no lo sabía… Como si me importara, pensó resentido ya dándose vuelta para poder volver a dormir. No consiguiéndolo tan rápidamente como lo había hecho hacia pocos minutos.